Una emoción por partida doble

La primera vez que tuve la oportunidad de contemplar una obra de Sara Giménez, nombre que entonces me era completamente desconocido fue, en 1984, con ocasión de asistir al "Premio Francisco Salzillo" en Murcia. En medio de numerosas esculturas allí expuestas, algunas pertenecientes a artistas españoles de sólido prestigio, me llamó poderosamente la atención la pieza presentada por Sara Giménez, que dicho sea de paso, ganó el primer premio. Casi dos años después, cuando casi le había perdido la pista, de nuevo en otra exposición colectiva, la Muestra de Arte Joven de Madrid, me sentí atraído de inmediato por una escultura que resultó ser también de Sara Giménez. Cuando se sigue profesionalmente la actualidad artística muy de cerca, la cantidad de cosas vistas y, sobre todo, las que uno cree consabidas, casi anestesian la sensibilidad más despierta. En estas condiciones, que naturalmente se agravan cuando se pasea la mirada entre un montón de obras de autores diferentes, difícilmente alguna en concreto logra imponer su capacidad virtual de fascinación sobre el resto. No creo que pueda olvidarlo. Ni su obra, ni la extraña emoción, libre de todo prejuicio, que me produjo por partida doble.
FRANCISCO CALVO SERRALLER