Sara Giménez. Escultura

El arte ibérico se encuentra presente en su creación, lo mismo que las nuevas tendencias artísticas. Su escultura refleja aquella inspiración primitiva, románica, a través de los símbolos, de las figuras, de un volumen, una forma o una línea. Todo íntimamente combinado, bien con un carácter narrativo, o tan solo con una única pieza que posee su propia presencia y lenguaje. Sara no inventa los signos, utiliza los ya existentes y les confiere un tratamiento nuevo nacido de su intuición y en función del volumen inicial, de la idea final, de la composición. Nace así una obra equilibrada y perfectamente calculada, donde un signo bicéfalo introducido en una oquedad nos transmite nuevas sensaciones. Es un signo que guarda el misterio de un tiempo ancestral, pero que habla con un lenguaje actual. Las formas geométricas llenan la superficie de sus piedras, de sus columnas, de sus estelas funerarias, de sus sarcófagos. Pero no es el geometrismo lo que interesa, sino su simplicidad. Sara lo libera de esa significación adquirida y logra darle un sentido y una lectura menos dura, más dulce, más entrañable. Una escultura habla, tiene fuerza por sí misma, sin embargo dentro de la creación encontramos montajes realizados con barro y formados por varios elementos figurativos. Son composiciones narrativas, lecturas que cambian de acuerdo con el espacio en que se hallan, que varían cuando un elemento se mueve. Son creaciones con peso, un peso que viene dado por el material, mientras que el movimiento se logra a base de figuraciones, de incisiones en la piedra, de dibujos humanos en las formas, de contraponer conceptos. Todo se halla dominado por el color, siempre oscuro, sobrio, uniforme. El color claro de la caliza o de la piedra se compensa con las incisiones que dan ese carácter atemporal a sus formas. Hoy la escultura de Sara Giménez es el resultado de una combinación y de una contraposición de conceptos y materiales. Un estudio de los símbolos y sus formas, y un conocimiento profundo de los materiales y sus posibilidades expresivas. En ella todo coincide con las formas que se unen con lo claramente popular, con su sencillez; luego, la combinación y la narración, dominadas siempre por la importancia del propio trabajo, de que esa elaboración y dedicación se noten y hagan hablar a la escultura. Que la obra tenga su propia esencia, su íntima historia formada en su creación.
JUANA VERA