No cabe duda que desde que existen…

No cabe duda que desde que existen las Artes gráficas con un gran desarrollo, utilizando la fotografía en color y otros medios de reproducción de los objetos, el Arte o las Artes plásticas en general y más concretamente la pintura y la escultura, se encuentran ante un inmenso arsenal para desarrollarse en direcciones variadísimas. Hasta el siglo XIX los artistas, de jóvenes, procuraban ir a algunas grandes capitales "a ver". Roma ha sido durante mucho tiempo el centro mayor de atracción. Más tarde, París. Lo que el joven podía ver en su aprendizaje era magnífico, pero limitado, seleccionado. Ya a fines del siglo XIX, y sobre todo a comienzos de éste, se empezaron a publicar historias, monografías, catálogos y revistas en que se estudiaban muchos aspectos del Arte antes no conocidos o mal conocidos: Arte prehistórico europeo, Arte de los pueblos llamados primitivos o naturales, Arte popular, Arte de períodos oscuros de la Edad Media. La perfección en la reproducción de las obras estudiadas ha llegado hoy a un grado acaso insuperable. Esta publicidad coincidió con varios momentos en que artistas rompen con formas tradicionales, no sólo las de un academicismo reconocido. Buscan por su cuenta. Mas no cabe duda que ni uno ni dos, sino muchos, han buscado "algo" en obras que reflejan aquellas modalidades de Arte prehistórico, arcaico, primitivo a las que se han hecho referencia. Es evidente, por ejemplo, que Picasso dibujó siluetas de animales "después" de haber visto las pintadas por los hombres prehistóricos. Esto no es una crítica. Lo que sí se puede es criticar a algunos que, ante una obra vetusta, dicen: ¡qué moderno es esto! ¿No será que lo moderno es de raíces viejas, muy viejas? Vinieron a mi cabeza estos pensamientos cuando la artista, a la que ahora tengo el honor de presentar, me trajo reproducciones de una parte de su obra para que la considerara. Y a la par, con un gesto de sinceridad sorprendente, me enseñó algunas obras de Arte, medieval sobre todo, que le habían servido, no para hacer copias serviles o adaptaciones más o menos ingeniosas, sino como antecedentes de lo que a ella le interesa hacer, por su cuenta y con materiales y objetivos distintos. El resultado, a mi juicio, es muy positivo y creo que este juicio lo están corroborando los éxitos que ha tenido a lo largo de su todavía corta vida de artista. Ahora el que contemple estas obras finas que reflejan una sensibilidad que podría calificarse de "erudita" juzgarán y, personalmente, espero que lo harán con un criterio parecido al mío. Enhorabuena, pues, a la autora.
JULIO CARO BAROJA
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