La feraz constancia de Sara Giménez

Vengo siguiendo desde hace bastantes años la trayectoria de Sara Giménez, cuya primera exposición data de 1983. Antes se había formado en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Politécnica de Valencia, donde se acabó doctorando. Este par de datos que extraigo de forma selectiva nos indica la duración y hondura de una evolución artística, que se alarga ya a través de más de tres décadas. La obra de Sara Giménez se ha fraguado además en la escultura, el género artístico más antiguo y complejo, pero también el que ha sufrido una transformación radical en nuestra época contemporánea, lo cual aporta una dificultad estética añadida a los materiales que le han sido de siempre característicos. Todo ello hay que advertirlo para valorar en su justa medida a quien, como es el caso, no ha cejado de trabajar en toda clase de materiales y técnicas, pero que además ha generado un universo simbólico propio, cortado por el patrón de una narratividad próxima a lo fantástico, inspirada, a veces en ricas vetas afines de la historia del arte, desde lo primitivo hasta El Bosco, pero sin dejar de abordar perspectivas más abstractas, como ahora nos presenta en esta exposición con su versión de la geometría fractal, donde la naturaleza presenta un orden de "irregularidades" para nuestra mente arcanas. Por lo demás, aunque Sara Giménez ha empleado la piedra, el barro y el bronce, también se ha atrevido a mezclar en sus piezas lo metálico y lo orgánico, lo que ha enriquecido su lenguaje formal con sorprendentes hallazgos. Creo, en suma, que esta inquietud experimentadora constante sin perder jamás el buen hacer del oficio, no solo acredita su valor, sino que resplandece con una luz especial en el momento presente de plena madurez, porque, a la postre, es en la constancia, frente a los miles de avatares que asedian un trabajo de cualquier creador, donde se mide la calidad de una obra.
FRANCISCO CALVO SERRALLER