Estructuras de Sara Giménez. Un nuevo simbolismo mágico

La piedra, el hierro, el barro... se hace presencia gracias al ajuste de una serie de esfuerzos que nos remiten siempre a un microcosmos personal. Desvelar las coordenadas de ese microcosmos no es una tarea sencilla, pero se vuelve todavía más difícil, aunque también más sugestiva, cuando lo que tenemos delante no se ajusta rígidamente a las modas y tendencias del momento y nos evoca unas formas, texturas y colores del pasado; una tradición y memoria colectiva de pueblos muy ajenos a nuestros intereses. Tal es el caso de las esculturas de Sara Giménez, estelas, sarcófagos y guardianes míticos que nos remiten a un mundo simbólico, a un figurativismo arcaizante y a un deseo de originalidad que busca sus caminos. Uno pudiera creer que los restos escultóricos de algunos pueblos antiguos han quedado perdidos en las ruinas o en las salas de los museos, con pocas posibilidades de ser recreados en nuestro tiempo, pero la mirada sagaz de Sara Giménez y su sensibilidad han conseguido extraer de ellos una carga simbólica y formal, que no por ser ecléctica es menos interesante, ya que combina armoniosamente rasgos de diferente procedencia: símbolos solares con grecas clásicas, el mundo funerario con los ritos iniciáticos, tumbas, estelas ...Estos símbolos y formas de origen diverso, por otra parte tan sugerentes, se entrecruzan sin rechazo alguno, y la misma mezcla de materiales, piedra caliza con mármol contribuye a crear una sensación de variedad y de misterio, que nos arrastra hacia unos recintos y rituales mágicos, en los que estas esculturas son algo más que mudos testigos. El eclecticismo, que puede ser un riesgo, es aquí un acicate para la memoria y el buen ejemplo de equilibrio, del que es una muestra más el toque, en ocasiones rudo, de algunos rasgos popularizantes en los rostros, y el refinamiento de los conjuntos. A su vez, los códigos simbólicos son reelaborados también, sugiriendo múltiples lecturas, en ocasiones llenas de ambigüedad. Hay un hieratismo calculado en todo lo que Sara Giménez hace que nos sugiere monumentalidad, mucho más de resaltar en las piezas pequeñas, que por su tamaño debieran sustraerse a esta impresión. También el juego de los colores, al emplear materiales de diferentes texturas, atrae la mirada y sumerge en ese refinado esteticismo al que nos referíamos antes. La diferencia implica siempre un duro camino, tanteos, muchas veces a ciegas, hasta llegar a la identificación precisa. Desde sus primeras obras, Sara Giménez ha perseguido esta identificación, y puede decirse que en este momento ha cogido ya las riendas de su andadura escultórica con originalidad y tino. Nutriéndose de vieja savia ha elaborado unas cuantas piezas en las que los volúmenes han adquirido un nuevo dinamismo y función, preludio, sin duda, de otros hallazgos estéticos que irán completando un panorama que se adivina lleno de inquietudes.
JUAN FELIPE VILLAR DÉGANO